Federalismo y Movimiento Nacional

Federalismo y Movimiento Nacional

125 campoDesde los sectores reaccionarios se levantan las banderas del federalismo para atacar al Gobierno Nacional y en defensa de los sectores mas concentrados de la economía, por eso resulta interesante repasar cuales son los orígenes del federalismo y sus banderas en la formación de nuestro estado nacional para compararlo con la utilización que hacen esos sectores en el presente.

La bandera de nuestra organización tiene –al igual que muchas organizaciones hermanas- la Estrella Federal en su centro como símbolo de unión o continuidad con los patriotas que nos precedieron en las luchas del XIX, entendiendo que la causa de Rosas, Facundo, Ramirez y Lopez es la misma lucha que continuó Perón en el siglo XX y la que continuamos hoy junto a Cristina. Nuestra línea histórica -San Martín, Rosas y Perón- nos define claramente y le marca la cancha tanto a nuestros enemigos internos como externos.

El federalismo es una bandera histórica del movimiento nacional que muchas veces es utilizada por nuestros adversarios, quienes detentan una ideología claramente liberal, para atacar al gobierno nacional, argumentando que Cristina “ataca” o “destruye” al federalismo. Durante la crisis de la 125 por las retenciones al agro, se escucharon consignas nacionalistas y federales, acusando al gobierno incluso de querer “destruir al campo”.

Resulta muchas veces paradójico escuchar como los continuadores de Mitre y Sarmiento, que impusieron un modelo oligárquico y centralista, hoy levantan la bandera federal para justamente intentar imponer políticas de corte neo liberal. Por eso es conveniente volver a analizar de que hablamos desde el Peronismo cuando hablamos de federalismo y de que hablan ellos cuando hablan de federalismo.

Para comenzar tenemos que decir federalismo es en principio una forma de estado, claramente establecido para delimitar las autonomías administrativas provinciales frente al gobierno central de la federación, pero siempre respetando el criterio de la unidad nacional y proyecto de país, por lo cual es lógico que las políticas de nivel “nacional” sean marcadas justamente por el gobierno central. Esto viene a cuento ya que algunos gobernadores se calzan el traje de príncipes y piensan que su provincia –y muchas veces sus ambiciones particulares- están por sobre los intereses de la nación.

Durante la formación del Estado Nacional, el federalismo fue la bandera que tomaron las economías regionales del interior –obviamente de la mano de los caudillos- para defenderse del ingreso de las manufacturas extranjeras que provenían de Buenos Aires, entonces claramente manejada por una burguesía comercial asociada al puerto por donde ingresaban las mercaderías que provenían especialmente de Inglaterra. A ello se sumaba el manejo de la aduana (obviamente en manos porteñas) que daba como resultado la asfixia de las economías regionales, que no podía competir con los productos industriales extranjeros, mas allá del dilema de la organización nacional que en aquel entonces estaba en plena discusión.

El federalismo así se transformó en una bandera de defensa contra el avance de la burguesía portuaria de Buenos Aires, pero cabe aclarar que éste federalismo histórico nunca fue separatista, ya que siempre se reconoció a si mismo como parte de una nación: Aún en los momentos de mayores desacuerdos políticos, ningún caudillo “federal” planteó la separación de alguna provincia de la Nación. El único planteo separatista fue justamente de Mitre que en el período 53/60 planteó la secesión de Buenos Aires de la Federación, que era justamente un impulsor de la centralidad de Buenos Aires por sobre el resto de las provincias y un claro defensor de la burguesía portuaria.

Durante esta etapa de formación del estado nacional, y en la cual esta discusión fue el eje de la disputa del siglo XIX, la ideología federal estaba representada en el interior profundo y el unitarismo liberal era la ideología del puerto. En esta lucha se estaba forjando también la incorporación del país a la economía mundial. Si triunfaba Buenos Aires y su unitarismo nos incorporaríamos como productores de materias primas e importadores de manufacturas –que fue lo que finalmente ocurrió después de la batalla de Caseros en 1853- lo que conllevaría a la destrucción de las insipientes economías regionales, condenadas al sub-desarrollo por no poder competir con los productos industriales que provenían del puerto.

En el campo político, la Constitución del 53/60 mantuvo la forma de estado federal pero solo en esto, en la forma, ya que la dupla Mitre-Sarmiento se encargó muy bien de eliminar a las montoneras del interior que enarbolaban las banderas del federalismo popular. Para muestra cabe citar el cobarde asesinato en Olta del Cacho Peñalosa, heredero político de Facundo Quiroga,  que defendía a su pueblo del avance del gobierno central que se imponía a sangre a fuego.

Este fue el fin del federalismo “ideológico” del siglo XIX, por lo menos en el campo de la relación de fuerzas en la organización nacional. A partir de entonces la palabra federalismo –ya hegemonizada por los unitarios- pasó a ser un mero modelo de administración territorial, en un país dominado por los unitarios liberales que impusieron el modelo agrario y colonial que marcaba Inglaterra, la potencia imperial de turno.

En el siglo XX, Perón retoma las banderas de los caudillos federales y las hace peronistas, entendiendo que ese federalismo ideológico –contrario al federalismo lavado y administrativo de los unitarios- era parte de los cimientos fundamentales del Peronismo, sin el cual era imposible construir una nación con la mirada puesta en Latinoamérica y que pudiera liberarse económica y culturalmente. El federalismo recuperó de la mano del peronismo su espíritu de liberación, y lo pone a la vanguardia de las luchas populares del siglo pasado. Rosas, Facundo y el Chacho volvieron a ocupar su lugar merecido en la historia y todas sus luchas fueron revalorizadas a pesar de no haber salido victoriosos en su tiempo.

En la actualidad, nuestros enemigos nos atacan con la bandera del federalismo, pero el federalismo del que hablan ellos no es el mismo del que hablamos nosotros desde el Peronismo.

Los federales del siglo XIX luchaban por una organización nacional que respetara el desarrollo de las economías provinciales, por un modelo que contuviera en equidad a los pueblos de las provincias y que no sirviera solamente a los dueños de la tierra y a la burguesía de Buenos Aires, éste es justamente el modelo que hoy estamos defendiendo desde el Gobierno Nacional.

Hoy mas que nunca está bien claro que las organizaciones agrarias defienden solamente sus intereses económicos y poco les importa el pueblo, porque se sienten los “patrones” del país, por eso esconden el trigo para especular con el precio, hacen lockout patronales y cortan rutas. Eso no tiene que ver con las autonomías provinciales, más bien tiene que ver con los intereses concentrados que se esconden detrás del federalismo para ocultar su espíritu individualista, sectario y anti popular.

Para los federales es imposible entender a las provincias sin nación y a la nación sin provincias. Todas las políticas nacionales que desarrolla el gobierno de Cristina tienen su vista justamente en las provincias y en sus pueblos, que no es otro que el pueblo de la Nación. Para nosotros los peronistas es impensado hablar de federalismo sin un proyecto de desarrollo nacional y equitativo, en cuyo centro esté el bienestar del pueblo y la justicia social.

Si alguno quiere erigir su interés personal o provincial por sobre el interés de la nación no está levantando la bandera del federalismo, porque hoy tenemos nuevamente un proyecto de nación cuyo principal objetivo es el crecimiento con inclusión social, la equidad en la distribución de la riqueza, la soberanía alimentaria y energética, la creación de puestos de trabajo, la alianza con los países de nuestra América Latina. Estas son justamente las banderas por las que lucharon los caudillos federales del siglo XIX, las banderas de San Martín, Rosas y Perón. Estás son las banderas del federalismo, no las de la oligarquía sojera que se ven en los cortes de ruta y que defienden Macri, De Angeli, Binner y del Sel.