La Periferia del Fraude

 

El caso de las últimas elecciones presidenciales en la República Bolivariana de Venezuela es emblemático, pero no por ponerse en tela de juicio la legalidad del proceso o la legitimidad de su resultado, sino por evidenciar la injerencia y disposición de los poderes fácticos en pos de fraguar el proceso electoral del país caribeño, obligándonos a mirar con detenimiento y lateralmente, e intentar apreciar con agudeza el “cuadro completo”.

Dibujo por Vladimir Sinatra (@EstipenDogo)

.:. Un Poco de Historia (reciente):

Es de dominio público la animosidad de la administración norteamericana para con los procesos populistas en general -en cualquier período histórico y lugar- y con el gobierno Bolivariano emprendido por Hugo Chávez Frías en particular. Basta recordar el fallido golpe de estado del 2002, perpetrado desde los sectores más poderosos, reaccionarios y antipopulares de la comunidad venezolana en complicidad con algunos mandos militares y con la imprescindible y decisiva confabulación de los medios de comunicación privados, apoyados logísticamente desde los EEUU -como quedara evidenciado en el documental “La masacre de puente Llaguno”, donde se grafican los pormenores tecnológicos como fueron los  bloqueos electrónicos a medios estatales de comunicación, y la transmisión en supuestos “vivo” de la CNN norteamericana donde se daba cuenta de crímenes que aún no se habían perpetrado. La férrea voluntad y tesón del pueblo venezolano –abarcando a jefes y tropa militar leales- hizo posible desarticular el proceso golpista y restituir a Chávez en la función que le correspondiera según  conocido proverbio: Vox pópuli, Vox Dei

Este triunfo de la voluntad popular demostró ser para la casa blanca todo un “pain in the ass”   (traducido a buen romance como “grano en el cul@”) ya que fortalecía al caudillo populista que osara enfrentarlos no sólo retóricamente, sino en actos palmarios como el quebranto del monopsonio petrolero estadounidense, y el boicot al ALCA del año 2005 entre otras medidas soberanas sostenidas por el gobernante bolivariano.

.:. Motivos:

¿Por qué estaría el gran hermano -en tanto máximo exponente del sistema imperante- interesado en horadar los proyectos nacionalistas venezolanos?

Ya se sabe: porque todo intento de desarrollo que no goce del visto bueno (entiéndase planificación) por parte de los organismos internacionales -mismos que en rigor obran según políticas consignadas por los países centrales- atentan en el corto o largo plazo contra el orden mundial establecido, constituyéndose en un “mal ejemplo” para otros países que pudieran seguir sus pasos y perturbar los planes estratégicos de las potencias (posible disminución de oferta petrolera, por ejemplo concreto) cuando no constituirse en una amenaza directa para la seguridad territorial (hipotética reedición de una crisis de los misiles, o lo que se guste imaginar).

Si al lector le resultara el presente un análisis por demás conspirativo, vale recordar que, a la luz de la historia, no sería por estas latitudes donde se pergeñaran confabulaciones justificantes de cuanto vandalismo internacional se conozca. Esta animosidad quedará evidenciada por la actitud de la casa blanca luego de las elecciones venezolanas.

Habiendo sido Chávez virtualmente invencible y gozando de la mayor de las legitimidades (12 referendos ganados de 13; el dictador más plebiscitado del que se tenga conocimiento), su enfermedad terminal y posterior defunción surgió como posibilidad concreta de injerencia en el futuro político de Venezuela.

.:. Las elecciones y el fraude del fraude:

Cierto es que días previos al escrutinio ya circulaban incluso internacionalmente acusaciones sobre un fraude a perpetrarse a futuro, acusación por lógica elemental infundada, salvo que se presuma un estrecho margen porcentual y se carezca de toda moral y predisposición democrática.

Bajo este clima, el 14 de abril Nicolás Maduro (candidato por el chavismo) gana con el 50,61 % de los votos, una ventaja de 1,49 % sobre el opositor Henrique Capriles Radonski (49,12%) quien se niega a reconocer los resultados denunciando irregularidades en la contienda.

Miremos –ahora sí, alrededor de la denuncia:

1) Existen internacionalmente precedentes de ventajas por una diferencia comparable cuando no aún menor, resultando procesos perfectamente legales y aceptados, como ser por caso: Néstor Carlos Kirchner en las elecciones legislativas en Argentina del año 2009; el norteamericano Al Gore al perder la presidencia por décimas ante Jeorge  W. Bush (h), y hasta el mismo Hugo Chávez en el referendo sobre la reforma constitucional de 2007. En ningún caso el estrechísimo margen constituyó denuncia de fraude.

2) La virulencia conque el candidato opositor cuestionara la validez del escrutinio (en rigor un elocuente llamado al desorden social en el que hordas de arengados opositores asesinaron a nueve simpatizantes chavistas) resulta llamativamente desmesurada si se tiene en cuenta la aseveración reciente por parte de todos los actores en las últimas elecciones (escasos meses atrás) que calificaban al sistema de votación venezolano como “inviolable”.

 3) Mientras la máxima autoridad regional, constituida por la misión de la Unasur y presidida por el ex vicepresidente argentino Carlos “Chacho” Álvarez -de quien podrá cuestionarse mucho salvo su honestidad- distribuía un total de 50 observadores en los once principales estados del país reportando todos y cada uno de ellos un normal desarrollo del proceso electoral sin novedades fuera de lo común, una porción de los veedores internacionales  constituida por aquellos invitados de la llamada “mesa de la unidad” (una coalición de partidos políticos de Venezuela de tendencias socialdemócratas, democristianos, centristas y laboristas, opositores al gobierno de Hugo Chávez)  denunciaron situaciones de “desorden civil y falta de reconocimiento y condiciones básicas fundamentales” para el desarrollo del ejercicio transparente y democrático de los comicios, lo que no se condice con la gimnasia electoral del pueblo venezolano de los últimos 14 años y –fundamentalmente- se dá de narices contra lo reportado por el resto de los observadores. El dato llamativo de la denuncia en sí  es que ésta  fue hecha a posteriori; luego de que todos los veedores firmaran las actas electorales que avalaron el proceso en su totalidad.

4) Consultado en una entrevista sobre esta llamativa particularidad, el  candidato opositor  aseguró que esto se debió a que todos sus testigos fueron amenazados de muerte para que abandonaran las mesas electorales. La pregunta de rigor es ¿y la evidencia? ¿Cómo es que tales incidentes, que tendrían que haber ocurrido en al menos mil doscientas mesas, nunca fueron reportados por los medios de comunicación que él mismo controla? Semejante irregularidad hubiera remitido a un escándalo internacional reproducido por la comunidad toda con pelos y señas, algo que nunca ocurrió. (circularon por internet algunas imágenes; ver próximo punto).

5) En la misma entrevista, Capriles admitió que el sistema electoral automatizado arrojó los votos escrutados. “Las máquinas no me robaron las elecciones”, dijo. De lo que se desprende que muchas de las acusaciones de fraude (cuando no todas) son insolventes, siendo que el sistema de emisión de voto, mismo que fuera calificado por el Centro Carter de EE.UU. como “el mejor del mundo”, tiene una doble validación físico/electrónica o biométrica donde a una huella digital corresponde una única boleta. El punto aquí es que es impracticable que una sola persona emita N cantidad de votos por tener N cantidad de documentos en su mano, como muestra una foto en internet que se presenta como evidencia del desfalco. Técnicamente imposible. ¿En dónde se comete entonces el fraude puntualmente? Esto nunca fue explicitado de forma acabada.

6) El margen conque gana el candidato chavista es perfectamente legal y no abre per-se lugar a dudas: es exactamente el mismo margen por el que este mismo candidato opositor ganara unas elecciones provinciales años ha, sin sugestión alguna de irregularidad.

7) El recuento de votos es muestral, significa que en el proceso no se recuentan la totalidad de boletas. Pero el candidato opositor -aún sabiéndolo- no cejaría en su demanda. En palabras de la rectora de la Comisión Nacional Electoral, “el pedir un imposible es incitar a la violencia“.  Aún así, la CNE aceptó hacer un recuento total de votos, a pesar de no existir dicha instancia en la constitución del país, arrojando  una coincidencia del 99,98 % con lo contabilizado originalmente.

8) Un sólo país hubo empecinado en no reconocer desde el principio al nuevo gobierno (luego, a la luz del recuento, vióse obligado a) y este fue EE.UU. ¿Cómo existe tan contrastante disparidad de percepción con el resto de las naciones? ¿Será que no es un asunto de  percepción precisamente?

.:. Cerrame la 5 … 

Como puede inferirse, los hechos dejarían translucir que lo fraudulento –lejos de ser el proceso electoral en la República Bolivariana de Venezuela, es la denuncia de fraude en sí misma, hecho que debemos anteponer a cualquier análisis sobre lo acaecido en estas elecciones o la puesta en tela de juicio de la legitimidad de su presidente electo democráticamente, lo que representa –sin más y otra vez, la voluntad del pueblo.

Siendo que el recuento final no deja lugar a dudas sobre la legitimidad del resultado, la denuncia en sí (incorporando todo lo aquí expuesto) debería movernos a pensar en un nivel superior, más allá de la lógica fraude/no-fraude, y evidenciar así los resortes que mueven el complejo mundo que habitamos y –sobre todo, hasta dónde son capaces de llegar quienes los manejan.

La periferia del fraude en Venezuela es un hito que nos exige reflexión y divulgación, ya que el develar, denunciar y contrarrestar tales prácticas constituye en sí la condición de posibilidad de un proyecto geopolítico de soberanía y unidad latinoamericana.