Tomemos nota: Educación

La toma de los colegios por parte de los estudiantes secundarios de la Ciudad Autónoma pone en debate el tema central de esta discusión: un proyecto educativo que no puede estar al margen de un proyecto de Nación.

Como sucede en muchos de los asuntos controversiales que circulan en los medios de comunicación, se desvía el eje del meollo de la cuestión y se pone de relevancia los episodios que tienden a opacar o desvirtuar el verdadero sentido de los acontecimientos.

Cuando los alumnos se organizan y deciden la toma como medida de fuerza para reclamar por el cambio en los planes de estudio, en el marco de la NES, el discurso hegemónico focaliza la toma en la pérdida de días de clases, en que si está bien o está mal que los alumnos adopten esa medida, “que privan a la mayoría de asistir a la escuela”, o en el show mediático de Eduardo Feinmann y sus groseras intervenciones con los estudiantes. Para colmo, después de diez días de lucha, los alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires deciden levantar una toma que se vio empañada por el accionar de cinco alumnos que ingresaron a la Iglesia San Ignacio de Loyola y dañaron sus instalaciones. Reparación que le costará al Estado Nacional unos 14 millones de pesos. Y que da lugar a que el Editorial de la Nación de este sábado 28 de septiembre, se rasgue las vestiduras hablando del “vandalismo y el caos en la educación argentina”.

Tomemos nota de lo que verdaderamente pone en el tapete la toma de los colegios: una discusión social en torno a la Educación. Y discutir Educación es discutir qué Modelo de país queremos. El Ministro Bullrich lo tiene claro cuando afirma que “los estudiantes pretenden un argentinazo cerrando escuelas”. Busca nacionalizar el conflicto que se da en la jurisdicción de la CABA, en línea con el “vandalismo y el caos” del cual habla La Nación. No es azaroso que así sea, porque en el marco de relaciones de fuerza en que se sitúa el proyecto neoliberal del macrismo se pugna por el control material y simbólico del imaginario colectivo. Se refuerzan los aspectos negativos con la clara intención de disciplinar y construir una representación punitiva frente al reclamo.

¿Qué discutimos, entonces? ¿Las máximas sanciones que podrían ameritar los estudiantes que ocasionaron destrozos en la Iglesia?, ¿Cuántos días de clase se pierden como consecuencia de las tomas? ¿O el modo en el que Gobierno de la Ciudad busca implementar la reforma en las escuelas? Sin olvidar que esa modalidad trasunta la concepción ideológica que tiene el PRO en relación a la Educación.

La Educación es política aunque al Jefe de Gobierno no le guste y prefiera verla como un negocio. La participación de los jóvenes habla claramente de una etapa histórica que los involucra y los hace parte de este proceso en que se debaten los cambios que hacen a su formación. No podemos desconocer la necesidad de revisar el régimen académico de la escuela secundaria. La Ley 26.206 sancionada bajo el Gobierno de Néstor Kirchner, en el 2006, dictamina las reformas que se hacen imprescindibles a la luz de un contexto educativo que exige una transformación estructural del sistema. En su Art.30 contempla la escuela secundaria en todas sus modalidades y orientaciones con “la finalidad de habilitar a los/las adolescentes y jóvenes para el ejercicio pleno de la ciudadanía, para el trabajo y para la continuación de estudios.”

La mayoría de los estudiantes reconoce la necesidad de reformar la escuela secundaria, pero exige al Ministerio de Educación de la Ciudad una real participación en la discusión de los nuevos planes y no un pre-diseño curricular en el que ya están decididos los lineamientos centrales de la currícula.

Es necesario tener en claro que la Res.84/09 del CFE en su Art.6 dice que “las jurisdicciones no quedan obligadas a incluir todas las orientaciones sino aquellas que consideren relevantes y pertinentes para su contexto.” Otorga una libertad de acción a las autoridades educativas de cada jurisdicción, como corresponde, por otra parte, a un sistema federal, democrático y participativo. Es evidente que para la jurisdicción de la CABA no es relevante, por ejemplo, la asignatura de Historia porque la propone como optativa en 4to año. Un recorte que afecta también a Geografía, Filosofía y Educación Cívica. Esta modificación ha sido fuertemente discutida y rechazada por la comunidad educativa. En su momento el Departamento de Historia de la UBA se pronunció en contra; a través de una carta presentada al Ministro Bullrich, el historiador Fabio Wasserman, junto a otros historiadores, científicos, docentes y estudiantes, exponen su rechazo a esta medida, tal como lo publica Télam, en su edición del día 22 de junio de este año.

Por lo tanto, decimos que las tomas no son un problema en sí mismas ni mucho menos una mera rebeldía juvenil; tampoco se trata de un absoluto rechazo a la NES. Son, sin duda, un accionar que permite visibilizar la posición ideológica desde la cual el GCBA intenta aplicar la reforma. Coherente con su línea liberal-conservadora considera que la Educación debe tener un fin utilitarista, que debe arrojar a la sociedad a un conjunto de individuos que compitan entre sí a ver quién tiene más capacidad de asegurarse un puesto de trabajo.

¿Qué tipo de ciudadanía se pretende promover? La respuesta la da, para quien tenga interés en profundizar este tema, el libro de Bullrich-Sánchez Zinny, “Ahora…Calidad. Apuntes para el debate sobre política educativa en la Argentina.”, publicado por la Fundación Pensar, en el 2011. Clase magistral de cómo llevar adelante una competencia perversa, siempre en los mejores términos, claro está: el éxito, el logro personal, el esfuerzo de cada uno. Pero olvidan que la formación ética de los ciudadanos sólo se vuelve plena en el espíritu colectivo y en la solidaridad con los demás.

El PRO sigue pensando en el “destino de grandeza” de la Argentina del Centenario, donde la Educación era solo para una elite y donde calidad educativa e inclusión no son compatibles.

No queremos una reforma que tienda a una supuesta “época dorada de la educación”, una educación para pocos, para quienes puedan pagar. “La Educación no puede ser considerada una política sectorial sino como la variable clave de la estrategia de desarrollo Nacional.”, Así postula la iniciativa de la LEN y así decía Néstor allá por mayo del 2006 cuando lanzaba el debate de la Ley 26.206. El CFE cumple con establecer los acuerdos y coordinar la política educativa nacional para homologar y articular el sistema educativo. Queremos una política educativa incluida en el Proyecto de País.

A la publicación de esta nota muy probablemente, las tomas ya estén levantadas; más allá de la modalidad de reclamo que puedan implementar los estudiantes, como comunidad educativa, como sociedad, tomemos nota del fondo de la cuestión y busquemos los mecanismos políticos a través de los cuales podamos involucrarnos todos en esta lucha de los jóvenes, que reclaman una mejor educación en esta Ciudad de Buenos Aires, dirigenciada por el PRO.