La patria es el otro. La deuda no es patria.

La patria es el otro. La deuda no es patria.

Endeudamiento y desendeudamiento externo de la República Argentina.

1976 – 2012, y proyección a una nueva década.

 

A fines de 1983, la lucha popular, dejando hasta el último momento compañeros muertos por el camino, logró recuperar la democracia en nuestro país, y con ello, se dio inicio a un itinerario irreversible de retorno a la institucionalidad en la Patria Grande.

Los jóvenes peronistas de entonces, lo festejamos. Aún con el dolor a cuestas de haber sido  despojados de casi una generación entera por la dictadura criminal, agobiados por una dura derrota electoral,  y decepcionados con una conducción de palabras huecas y banderas bajas, manteníamos la fe inquebrantable en alcanzar la Patria libre, justa y soberana. Nos jurábamos cumplir el mandato de Evita, de llevar su nombre como bandera a la victoria, la victoria del pueblo.

Algunos de nosotros, tan jóvenes como esperanzados en el futuro de la patria, de alguna manera sobrevivivientes de aquellos años infames, intuíamos la presencia de una nueva oscuridad,  que ahora nos iba a atar las manos de una manera más sutil. Tenía nombre y apellido: deuda externa. La llamábamos “deuda eterna” porque la creíamos una hipoteca perpetua, que heredarían nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

En efecto, la deuda, que era en marzo de 1976 de 7.800 millones de dólares (13.6% del PBI), había alcanzado, al asumir el gobierno el Dr. Alfonsín, los 47.700 millones de dólares (46.7% del PBI)[1].

Alfonsín intentó, en los primeros meses de su mandato, plantarse con dignidad ante los organismos internacionales de crédito y los bancos de las potencias acreedoras.

Fue olímpicamente desoído. En las redes de videos, es posible verlo en Washington, ante la mirada arrogante y desdeñosa de Ronald Reagan, plantear con crudeza la necesidad de una solución política al problema de las deudas latinoamericanas, describiendo la carga insoportable que las mismas representaban para las incipientes democracias.

No vamos a cargar las tintas en la gestión del Presidente Alfonsín, a quien Néstor y Cristina rindieron en vida un justiciero homenaje, al  incorporar su busto en la Casa Rosada.  Como si fuera exigua la herencia recibida, le tocó un tiempo monetarista y neoliberal a ultranza en los centros financieros, de altísimas tasas de interés internacionales, que situaron en defaults de hecho a casi todas las economías de la región, incluyendo las tres mayores: Brasil, México y Argentina.

No obstante, debe decirse que durante su gobierno, la deuda siguió incrementándose, alcanzando un stock ya cercano a los 60 mil millones de dólares[2]. Y aún así, todavía no habíamos visto nada.

El paroxismo neoliberal de los 90 tensó la cuerda al máximo. La deuda con los bancos internacionales estaba virtualmente defolteada en 1991. Los propios acreedores (norteamericanos, europeos y japoneses),  plantearon ante sus gobiernos y los organismos internacionales la necesidad de una solución. Para ellos.

Tras el fracaso de su antecesor, Baker, el nuevo Secretario del Tesoro norteamericano, Nicholas Brady, se hizo cargo de la situación. Boys, don´t worry  faltaba más!  Gestionó que los gobiernos democráticos de la región reconocieran la deuda contraída por las dictaduras (y con ello legitimarla), ofreciendo a cambio de ese delicado gesto, el acceso a los mercados internacionales de capitales. Algún ministro estrella de esos años se autojustificó una vez: “El país estaba de rodillas”. De esta manera, las deudas incobrables de una veintena de bancos transnacionales, se convirtieron en bonos en manos de miles de inversores individuales y poderosos fondos financieros.

¡Lindo negocio para los deudores!  De deberle a 20 bancos que nos anotaban como incobrables, a deberle a una multitud de acreedores amparados por las leyes internacionales y  el anonimato de la timba global. Vamos  a ponerlo en estos términos para que entiendan los que garpan religiosamente sus deudas: esto es algo así como si por fuerza mayor, le debés  $ 10.000  a un acreedor que de vez en cuando te reclama que le pagues algo y que ya descuenta que no le vas a pagar, a deberle $ 1 a diez mil tipos que todos los días te tocan el timbre de tu casa.

Con la reestructuración tras el Brady, la deuda argentina alcanzaba en 1992, los 64 mil millones de dólares.

A partir de ahí, la historia es más sonada. El endeudamiento externo del país creció a razón de casi diez mil millones de dólares por año, a pesar de las ventas a precios de remate de los activos públicos atesorados por décadas. Al momento de declararse formalmente el default de la deuda pública argentina, en los primeros y agitados días de 2002, luego de los inútiles manotazos de ahogado del megacanje y el blindaje, y de la innecesaria prolongación de la agonía de la convertibilidad por la alianza de Cavallo y de la Rúa, la deuda externa argentina era de 144 mil millones de dólares, (¡145% del PBI!)[3].

 

Evolución del stock de deuda externa pública, en miles de millones de dólares estadounidenses. 1976 – 2002

Fuente: FMI

grafoDesendeudamiento

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Ahí, el milagro. Después de lo que pudo haber sido y no fue un digno interinato de un  senador, un flaco desgarbado y de ojos dispersos, de traje cruzado y mocasines, que acababa de decirle al Congreso Nacional  que no iba a dejar sus convicciones en un célebre umbral, baja a la explanada de la Rosada.

Baja a la calle en esa mismísima puerta a la que se refería, a envolverse con un pueblo que lo abrazaba como el náufrago que encuentra un tronco flotando entre olas de veinte metros. Se lleva una curita en la frente de recuerdo. Y cuando entra, y recibe los atributos de mando, hace jueguitos con el bastón presidencial, ante la mirada entre divertida y azorada de su esposa, una Senadora de la Nación.

Ya nos habían  chamuyado antes a los peronistas. Y demasiado. Ya nos habíamos fumado con amargura las promesas de salariazos y revoluciones productivas, y habíamos tosido las privatizaciones y las relaciones carnales.

Pero había algo en ese Flaco. Tal vez era la desesperanza, la necesidad de subirse a un último tren que nos llevara a otra parte. Ya no importaba demasiado a qué otra parte. Algunos lo conocían y le creían desde antes. Muchos más desde ese momento.

Respondió con hechos concretos, no con promesas. Como se le responde a un pueblo que ha sido puesto de rodillas y necesita levantarse y volver a andar.

No le esquivó el bulto al tema de la deuda ni en el día de su asunción como Presidente de los argentinos. En su discurso a la Asamblea Legislativa del 10 de diciembre de 2003, fijó los lineamientos de los que no se iba a apartar ni un centímetro:

“Este gobierno seguirá principios firmes de negociación con los tenedores de deuda soberana en la actual situación de default, de manera inmediata y apuntando a tres objetivos: la reducción de los montos de la deuda, la reducción de las tasas de interés y la ampliación de los plazos de madurez y vencimiento de los bonos.”

“Sabemos que nuestra deuda es un problema central. No se trata de no cumplir, de no pagar. No somos el proyecto del default. Pero tampoco podemos pagar a costa de que cada vez más argentinos vean postergado su acceso a la vivienda digna, a un trabajo seguro, a la educación de sus hijos o a la salud.”[4]

Mientras elaboraba la estrategia, se puso a apagar incendios y a corregir injusticias. Los intereses corridos, el rescate de las cuasimonedas, la compensación a los ahorristas afectados por el corralito, y la devolución de la quita del 13% a los jubilados y agentes del estado, elevaron el stock  de deuda a  USD 191.000 millones a fines de 2004.

A partir de entonces, se pone en práctica una nueva estrategia: Reducción de deuda privada y reemplazo por recursos de los organismos públicos.

Un mes después de ese discurso en el Congreso, el 14 de enero de 2005 se formalizó la propuesta de renegociación con quita, estableciendo como plazo máximo de aceptación el 25 de febrero. Más del 76%[5] de la deuda en bonos fue reestructurada, en montos, en plazos y en moneda de emisión[6].

En diciembre de 2005, se produjo el mayor acto de soberanía en la Argentina de este siglo[7]. Incluso, el diario vocero de la embajada de Estados Unidos, lo calificó de “histórico”. Néstor Carlos Kirchner anunció la cancelación total de la deuda soberana con el FMI, en un único pago al contado de USD 9.810 millones, que representaban en ese momento el 10% de la deuda total del país. Parecería que algunos se olvidaron de estas cosas… no es nuestro caso.

Adivinanza: Se acuerdan quién era el presidente de BCRA que validó ese pago con reservas….?

Ese acto soberano fue complementado y homenajeado en octubre de 2008, cuando la Compañera Presidenta Cristina Fernández de Kirchner envía al Congreso Nacional el proyecto de ley de reestatización de los fondos de jubilaciones y pensiones, devolviéndole al pueblo argentino la propiedad soberana de su ahorro previsional. Solo la tenencia en bonos de las AFJP, representaban 35.000 millones de dólares. No dejó de existir esa deuda. Pero a partir de entonces, el total de ese capital, y su correspondiente renta pasó a pertenecer enteramente a los trabajadores de la patria, los futuros jubilados. Libres de exacciones y comisiones usurarias.

Con la reapertura del canje de deuda de bonos de 2010 se alcanzó una aceptación de 97%, implicando una quita total de 48.000 millones de dólares de deuda. Es momento de repasar los números.

 

Evolución de la deuda pública neta del Gobierno Nacional con privados, organismos internacionales y países extranjeros. 1976 – 2012 en miles de millones de dólares

 

Fuente: Oficina Nacional de Crédito Público y Consultora Econométrica

Esos casi 83 mil millones representan la deuda con terceros (acreedores privados, organismos internacionales y bancos). De ellos, 57.500 millones son deuda con privados y 25.200 con organismos internacionales. De la deuda con privados, el 39% (22.400 millones) está emitida en pesos.

Por primera vez en muchos, muchos años de la historia económica argentina, el Estado Nacional tiene una gran proporción de su deuda emitida en pesos argentinos. Exactamente el 41% de la deuda pública nacional bruta, a diciembre de 2012. No es deuda externa. Es deuda pública en moneda soberana. Y en una proporción respecto del PBI mucho menor a la de las principales economías mundiales.

De eso se habla cuando se habla de desendeudamiento.

Ahora repasemos las cuentas de la deuda total del Estado Argentino. La deuda pública nacional bruta.

Si a los 82.700 millones de dólares de deuda con privados y organismos internacionales se adiciona la deuda con organismos públicos (principalmente BCRA y ANSES), se obtiene la deuda pública nacional bruta, que alcanza,  los 197.464 millones de dólares (44.9% del PBI).  Vale decir que el 58.1% está en poder de agencias del sector público.

Composición de la deuda pública nacional neta, por tipo de acreedor, a diciembre de 2012.

Fuente: Oficina Nacional de Crédito Público

Al ritmo actual, y mientras se alzan voces abiertas y solapadas para “volver a los mercados” (volver a endeudarse, léase),  la deuda de capital con acreedores privados se terminará de cancelar casi totalmente en 2017. Es parte de lo que falta, para los que preguntan.  Para 2022, la deuda pública del país con privados, incluyendo capital e intereses, no debería sobrepasar los dos mil millones de dólares

Todo esto se obtuvo con sacrificio del pueblo argentino, pero sin resignar elevación del nivel de vida de la población, crecimiento con inclusión, justicia social y soberanía política. Privilegiando a los que menos tienen, devolviéndole la dignidad a los excluidos. De eso hablo la Presidenta cuando habló de los “pagadores seriales”. No podemos permitir que estos logros sean tirados a la basura, ni por los de afuera ni por los de adentro.

La sucesión de fallos contrarios al país, en el litigio contra una ínfima minoría de acreedores buitres, es una llamada de atención en ese sentido. Es un castigo a la sociedad argentina por haber logrado lo que ellos llaman imposible. Y es una advertencia a otros gobiernos que estén por renegociar sus deudas, para que este “mal ejemplo”, no sea imitado.


[1] Incluye la estatización de la deuda externa privada. Fuente: FMI

[2] Las mediciones respecto del PBI son dificultosas por la hiperinflación imperante

[3] Según el FMI, el PBI Argentino cae a 97.400 millones de dólares en 2002

[4] Presidente Néstor Carlos Kirchner. Discurso a la Asamblea Legislativa, del 10 de diciembre de 2003

[5] En la reapertura del canje se alcanzó una aceptación de 93%

[6] El canje de deuda en sus dos etapas obtuvo una quita neta de USD 48.000 millones. A su vez, se produjo un cambio cualitativo en la moneda de denominación de la deuda, que valida el uso actual del término “deuda pública” antes que “deuda externa”. La deuda en pesos llega a alcanzar el 38% del stock, cuando era del 3 % al inicio de la renegociación.

[7] Tal vez solo superado por el rechazo al ALCA en Mar del Plata, pero consideramos a este un acto soberano de la Región.