AMANECIERON EXCITADOS

bradenOperonHoy los dos principales matutinos porteños, Clarín y La Nación, amanecieron excitados de contentos, y es que el según ellos “prestigioso” periódico Estadounidense, The New York Times, dedicaba otra editorial fustigando a nuestro país, y a su principal movimiento nacional.

El periodista Roger Cohen, comienza diciendo que en la región suramericana, luego del boom de las commodities, se ha instalado la “ocurrencia” de que Brasil se está convirtiendo en la Argentina, la Argentina en Venezuela y ésta última en Zimbawe. Pero destaca que nuestro país, es un caso perverso en sí mismo. En palabras de Cohen : “Es un país que sigue narcotizado por ese brebaje político quijotesco conocido como Peronismo: declarándole la  guerra sin cuartel a los datos económicos confiables; jugando con sus divisas en varios niveles; cerrándole las puertas a los mercados financieros mundiales; abusando de los derechos de propiedad cuando se le place; obsesionado con una guerrita perdida en las Malvinas hace más de tres décadas atrás; y convencido de que la causa de todo este fracaso radica en los poderes especulativos que quieren forzar a una nación orgullosa (en las palabras de su líder) “a comer otra vez sopa, pero además con tenedor”.

Para Cohen los argentinos estamos narcotizados por el peronismo, ¿Qué quiere decir Cohen con esto?, el planteo principal reside en la “ceguera” que padecemos por estas latitudes, producto de una ideología anticuada, populista, sentimental y por qué no irracional. Es comprensible que un periodista de ese lugar del mundo, no pueda, o no quiera comprender, lo que significó, y significa, el peronismo para una gran parte de los argentinos. Esta creación autóctona, heredera de las luchas de nuestros caudillos federales, profundamente humanista, cristiana, y con su eje en la soberanía política, la independencia económica, la justicia social, el nacionalismo cultural y la integración regional, representó, y lo sigue haciendo, con una actualidad fenomenal, un hito continental en la emancipación de las semi-colonias suramericanas. ¿A que datos confiables se referirá Cohen cuando habla de nuestra guerra a ellos?, ¿a los del Bureau of Labor de EEUU, que luego de triplicar su base monetaria siguió midiendo menos del 1% anual de inflación para su país?, ¿o tal vez las estadísticas del prestigioso FMI? Es extraño que nos califique de cerrar las puertas a los mercados financieros globales, aunque podríamos asumir que se refiere a los fondos buitres, que tanta desgracia han causado por el planeta entero. Si se refiere a estos “mercados”, pues sí, les hemos cerrado la puerta a la especulación financiera que tanto ha hambreado a nuestros pueblos. Si se refiere al financiamiento para emprendimientos productivos, vasta solo el ejemplo de la Norteamericana Chevron, que acaba de invertir más de mil millones de dólares en Argentina, para la exploración y explotación petrolera, para desmentir tamaña mentira.

Continua el “periodista” su editorial con el “abuso” a los derechos de la propiedad por parte de nuestro país. Pues bien, si se refiere a nuestros recursos naturales, mal que le pese, son nuestros, y parte de las reglas de la democracia, es utilizarlos, explotarlos y hasta expropiarlos cuando estos estén en manos de terceros, en este caso de extranjeros, como lo ha hecho el gobierno nacional con YPF, pagando una indemnización por ello. También Don Roger, nos fustiga por nuestra “obsesión” por una “guerrita” perdida hace más de treinta años en las Malvinas. Imaginemos por un momento que parte del territorio de los EEUU fuera usurpado por una potencia extranjera, y ellos, fracasaran en alguna guerrita como lo hicieron en Vietnam, ¿Qué diría nuestro macanudísimo Roger?, claro está, que el tono despectivo del autor, al llamar guerrita a un conflicto armado donde murieron cientos de compatriotas defendiendo nuestro territorio, es una tremenda falta de respeto, pero aún es peor, que los matutinos porteños nada digan al respecto, o aún peor, lo festejen. Debo ser honesto, si los conflictos bélicos se midieran en diminutivos o aumentativos por la cantidad de personas masacradas, tiene razón Cohen, ya que nuestro país no tiene en su prontuario el asesinato de millones de seres humanos por todo el mundo, como lo tiene su país.

Destaca Cohen, que en el 1900 la Argentina era más rica que Suecia, Francia, Italia, Australia e inclusive Japón, y que tenía el potencial de su país, EEUU, pero lo que los Argentinos no sabíamos, es que un Coronel llamado Perón y su esposa, acabarían con esto. La partecita que se le escapa a Roger, es que por esa época la riqueza de este país estaba en manos de diez familias, que a su vez eran los garantes de que todo lo producido en el país se exportara a Inglaterra, a cambio de manufacturas y endeudamiento. Más del 70% de su población estaban sumidos en la miseria más absoluta, y sus únicos derechos se asemejaban a los de un esclavo. Argentina no producía prácticamente ningún producto manufacturado de los que consumía, no había industrias, por ende tampoco empleo, y se festejaba el centenario de la “Patria” en estado de sitio. Ese país dorado, que tanto añoran Cohen, La Nación, la Sociedad Rural y todos los hijos nativos de Braden que por izquierda y derecha aún pululan en estas pampas, vio su fin cuando el Peronismo, como reflejo político de la identidad nacional, consagró derechos a trabajadores, industrializó el país, y tuvo la ocurrencia de intentar confraternizar con sus pares, es decir, sus vecinos. ¿Qué tragedia no?

Argentina es un niño entre las naciones que nunca crecieron. La responsabilidad no fue lo suyo”, continúa el autor. Pues bien, nuestro país posee males solo endilgables a nosotros mismos, como cualquier nación, mas debemos ser honestos, nuestra imposibilidad de concretar una gran nación como la que soñaron San Martín y Bolivar, tal vez parecida a la suya desde un punto de vista geopolítico, no es solo endilgable a nosotros, sino también como usted sabrá, a potencias coloniales que trabajaron arduamente por ello, y lo consiguieron. Aunque debo decirle Roger, somos responsables de ser una nación de paz, de convivencia, de constantes luchas por conseguir que en estas pampas su población pueda estudiar, comer y tener salud, sin depender de la suerte del lugar donde le haya tocado nacer a cada argentino. En cambio su patria, es responsable de tanta muerte alrededor del mundo, inclusive de la de sus propios compatriotas. La responsabilidad vista así, ¿es algo curioso no?

En algo podemos coincidir con el autor, cuando dice que argentina inventó su propia filosofía política, esto es real, e imperdonable, me atrevo a agregar. Pero la descripción de ésta, es para alquilar balcones. Dice Cohen: “un extraño revoltijo de nacionalismo, romanticismo, fascismo, socialismo, atraso, progreso, militarismo, erotismo, fantasía, música, melancolía, irresponsabilidad y represión. El nombre que englobaba todo esto era Peronismo. Ha resultado imposible su caída”. Es clara la imposibilidad del periodista en ladefinición, y podríamos debatir horas al respecto, pero mas clara, angustiante e imperdonable, es la frase final del párrafo: Ha resultado imposible su caída, y aquí reside la impotencia del autor, no por cariño a nuestra patria y su pueblo, no por preocupación democrática o humanista, sino por la amargura de saber que aquí hay un pueblo decidido a dar batalla por su liberación, hasta el fin de su días.

Sigue Roger, describiendo “con pesar” el genocidio que sufrió nuestro pueblo en manos de las juntas militares, y claro, olvida mencionar que los genocidas argentinos eran formados en la ya célebre “Escuela de las Américas” norteamericana, que apoyó desde el Departamento de Estado cuanto golpe de estado pudo en todo el continente, para garantizar sus intereses.

Luego, dedica sus párrafos finales a Néstor y Cristina Kirchner, comparando a esta última con Isabel Martínez, y repitiendo el tan mentado concepto del “gasto imprudente”, que el autor, el FMI y tanto compatriota narcotizado por la colonización cultural, también esgrimen, sin poder, o sin querer observar, que invertir en nuestro propio pueblo, es nuestra mayor fortaleza.

Finaliza el artículo desde Ushuaia, absorto por un letrero que dice: LAS MALVINAS SON ARGENTINAS!

Querido Roger, no te pido el derecho de ser peronista, porque soy un hombre libre, te exijo el respeto por mis ideas, porque yo respeto las tuyas, aunque sean tan imprudentes. 

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Llora por mí, Argentina 

POR ROGER COHEN

27 de febrero de 2014

Traducido por Agostina Moyano Comas.

USHUAIA, Argentina— Luego del boom de las commodities en Sudamérica, se ha instalado la ocurrencia de que Brasil se está convirtiendo en Argentina, Argentina se está convirtiendo en Venezuela y Venezuela se está convirtiendo en Zimbawe. Esto es severo para Brasil y para Venezuela.

Argentina, sin embargo, es un caso perverso en sí mismo. Es un país que sigue narcotizado por ese brebaje político quijotesco conocido como Peronismo: declarándole la  guerra sin cuartel a los datos económicos confiables; jugando con sus divisas en varios niveles; cerrándole las puertas a los mercados financieros mundiales; abusando de los derechos de propiedad cuando se le place; obsesionado con una guerrita perdida en las Malvinas hace más de tres décadas atrás; y convencido de que la causa de todo este fracaso radica en los poderes especulativos que quieren forzar a una nación orgullosa (en las palabras de su líder) “a comer otra vez sopa, pero además con tenedor”.

Cien años atrás, Argentina era más rica que Suecia, Francia, Austria e Italia. Era incluso más rica que Japón. Despreciaba a Brasil por su pobreza. Enorme y vacía, con la tierra más rica del mundo en La Pampa, parecía tener todo el potencial de los Estados Unidos para los Inmigrantes Europeos que inundaban su territorio (en la actualidad, el ingreso per cápita es un tercio o menos que el nivel de Estados Unidos). No sabían que un coronel llamado Juan Domingo Perón y su esposa Eva (“Evita”) darían forma a valores sociales de un singular poder que se engaña a sí mismo.

“Argentina es un caso único de un país que ha completado la transición al subdesarrollo”, dijo Javier Corrales, un politólogo de la Universidad de Amherst.

En términos psicológicos (y Buenos Aires está plagada de gente recostada en divanes derramando su angustia a psicoterapeutas), Argentina es un niño entre las naciones que nunca crecieron. La responsabilidad no fue lo suyo, ¿por qué lo sería? Había tanto por robar, eran tan ricos en granos y ganado que las instituciones sólidas y el Estado de Derecho (mucho menos un sistema financiero que funcione) parecían ser una pérdida de tiempo.

Los inmigrantes acampaban aquí con pasaportes extranjeros en lugar de pasar por el proceso de absorción para nacionalizarse que caracterizan a Brasil y a Estados Unidos. Argentina estaba bien lejos, en la punta del planeta, una masa de tierra fértil lo suficientemente distante de los centros de poder para vivir sus propias fantasías periféricas o para ahogar sus penas en una danza que es probablemente la más triste (y agobiante) del mundo. Entonces, para darle una expresión a su singularidad, Argentina inventó su propia filosofía política: un extraño revoltijo de nacionalismo, romanticismo, fascismo, socialismo, atraso, progreso, militarismo, erotismo, fantasía, música, melancolía, irresponsabilidad y represión. El nombre que englobaba todo esto era Peronismo. Ha resultado imposible su caída.

Perón, quien descubrió que la inspiración política de un militar podría derivar de forjar lazos con los desposeídos de Latinoamérica y la distribución del dinero (una lección que siguió Hugo Chávez), fue derrocado en el primero de cuatro Golpes de Estado. La Argentina que me tocó cubrir en los ’80 estaba emergiendo del trauma de la dictadura militar. Si tuviera que decir cuál es la única imagen emblemática del Continente en ese entonces, es la de las mujeres argentinas aferrándose a las fotografías de sus amados hijos desaparecidos luego de haber sido llevados para “un breve interrogatorio”. Las juntas militares de la región trasformaron el verbo “desaparecer”: es lo que le hacían sus presuntos enemigos (30.000 en Argentina).

Desde 1983, Argentina ha dejado ese trauma civil y militar, ha juzgado a algunos de los responsables de los crímenes de derechos humanos y ha gobernado en forma democrática. Pero durante la mayoría de esos años ha sido gobernada por Peronistas, los más recientes Néstor Kirchner y su viuda Cristina Fernández de Kirchner (rastros de Isabel, la viuda de Perón), quienes han redescubierto la redistribución luego de una ráfaga Peronista en los ’90 con el neoliberalismo. El trauma económico se encuentra vivo y a salvo. Así, el gasto imprudente está atravesando un buen momento mientras que las medidas contrarias a la ley están atravesando uno malo. Del mismo modo se encuentran las empalagosas evocaciones a Peón, Evita e Isabel: en la Tierra así como en el Cielo.

Llora por mí, mi nombre es Argentina y soy demasiado rica para mi propio bien.

Veinticinco años atrás dejé un país de hiperinflación (5.000% en 1989), fuga de capitales, inestabilidad monetaria, intervensionismo estatal de mano dura, disminución de las reservas, escasa competitividad, excesiva dependencia de exportaciones de productos básicos, renacimiento de las fantasías Peronistas y complejos por pertenecer a la parte “inferior” del Planeta Tierra. La inflación actual es alta en lugar de “hiper”, en otro sentido no ha cambiado mucho.

Al arribar a las costas de Ushuaia en la punta sur de Argentina, lo primero que observé fue un letrero que decía que las Islas Malvinas se encontraban bajo la ocupación ilegal del Reino Unido desde 1833. Lo segundo, fue otro letrero que decía que Irlanda se encontraba a 13.199 kilómetros de distancia (no mencionaba a Gran Bretaña). Lo tercero, fue un paquete de galletitas que decía “hecho en Ushuaia, el fin del mundo”. Lo cuarto, fue una calculadora de bolsillo usada por el vendedor de una tienda para calcular la relación dólar-peso.

Es difícil borrar la esperanza del corazón humano, pero tengo que decir que Argentina hace lo posible por lograrlo.