Una gran marcha sin rumbo

Una gran marcha sin rumbo

La marcha de ayer, más allá de números, no cabe duda fue multitudinaria. Marcharon quienes pedían justicia junto con quienes debían brindársela (Jueces y Fiscales), casi esquizofrénico si no analizáramos en profundidad los integrantes de la misma. Marcharon ciudadanos en busca de justicia por el fiscal muerto, también dirigentes políticos en su única posibilidad de asistir a una concentración masiva sin que los echen a patadas, fiscales que en su mayoría despreciaban a Nisman pero más desprecian al Gobierno, sobre todo porque pretende terminar con su poder corporativo y pseudo monárquico. Unos pocos marcharon pidiendo Justicia por el atentado a la AMIA, lo cual nos entristece aún más. Muchos que solo detestan al gobierno y están en todo su derecho, pero todos sin uniformidad política ni rumbo para sus apetencias. Y es que eso se construye con organización política, con ideas y mucha, pero mucha justicia social.

Menospreciar una multitudinaria marcha que sucedió en todo el país nos haría obtusos; ahora, cual es el efecto de la misma es complejo de descifrar.  Ya ha habido otras marchas en los últimos años, donde la multitud homogénea en estrato social pero heterogénea en sus pedidos (compra de dólares, inseguridad, muerte para la yegua, etc.) no logró encausar sus ambiciones en una única expresión política. Quienes pretenden representar a los marchantes, de ésta y otras marchas como el 8N, se disputan la representación sin éxito, por el rechazo de la población, o su atomización e internismo eterno. El Peronismo gobernante resuelve esto con organización y militancia. Hay unidad de concepción y, por ende, unidad en la acción. Salvo el Partido gobernante, nadie en la República Argentina tiene capacidad de movilización masiva, con un rumbo político unificado, tanto en la calle como en las urnas. Solo el Peronismo logró enamorar a cientos de miles de jóvenes de un proyecto político que, tras doce años de gestión del estado, sigue con chances de triunfar por la vía democrática. Cuando el Peronismo ha gobernado de acuerdo a sus banderas históricas nunca fue derrotado en las urnas pero si a través de la violencia. La experiencia 1946/55 terminó con el bombardeo a la plaza de mayo y 18 años de proscripción y resistencia. La experiencia 1973/76 terminó con el golpe más sangriento de la historia y 30.000 desaparecidos. Ésta experiencia parece, pese a la resistencia corporativa, que terminará con un cambio de mando normal, gane quien gane las elecciones, lo cual sería un crecimiento madurativo exponencial para nuestra democracia y ciudadanía. Esto no quiere decir que quines perdieron el poder en la Argentina (Corporaciones económico-financieras y rurales) se quedarán tranquilos viendo como el poder político gobierna: seguirán operando y embarrando la cancha, pero la opción de la violencia parece ser un camino agotado para la gran mayoría de la sociedad argentina, sean oficialistas u opositores.18f-collage

Todos queremos saber que pasó con el fiscal Nisman, queremos justicia, aunque algunos sabemos que éste hombre luego de diez años al frente de la causa AMIA con un gigantesco presupuesto solo logró denunciar a la Presidenta de la Nación por una causa absurda y endeble, y además recibía órdenes de la embajada Norteamericana, lo cual no parece convertirlo en el héroe nacional que ayer mostraron muchos medios y miles de Argentinos.

La marcha fue notable; el rumbo de la misma, incierto -si es que tiene uno.

 Joaquín Labarta Liprandi