Narcotráfico, militarización y estrategia regional norteamericana

El candidato por el Frente Rejuntador, a caballo de su estrategia electoral, montada en la demagogia punitiva, hace campaña en favor de la militarización de la lucha contra el narcotráfico, pretendiendo involucrar a nuestras fuerzas armadas en una aventura para la que no están preparadas ni formadas, ocultando sus verdaderos objetivos.
La propuesta soslaya el rotundo fracaso que en la práctica ha demostrado la militarización de la represión del narcotráfico en países como Colombia y Méjico, cuyos únicos resultados visibles, han sido el incremento de la producción y comercialización de estupefacientes, el asesinato de miles de civiles inocentes, la corrupción de amplios sectores de las fuerzas armadas de esas naciones, involucrados en la lucha, y la intromisión de las fuerzas armadas y organismos de inteligencia norteamericanos en cuestiones atinentes a la seguridad nacional de tales países, circunstancias convenientemente ocultadas por la prensa hegemónica.
Para peor, machaca en sus spots publicitarios, con una visión sesgada y clasista del problema, estigmatizando a barrios y sectores populares, a los que desde el prejuicio, “invirtiendo la carga de la prueba”, presume culpables de la drogadicción.
Pero lo más grave es lo que el candidato no dice y oculta: ello es la complicidad de su postura con la política del Pentágono y del Departamento de Estado norteamericano, que preconizan la militarización de la lucha contra el narcotráfico, fronteras a fuera de su propio país (ya que a su interior, a nadie se le ocurre tal disparate) como excusa para incrementar y afianzar el dominio militar y estratégico en el “patio trasero”, so pretexto de “colaboración” con la política antinarcóticos.
Vale resaltar que a las 36 bases militares con las que cuenta actualmente EE.UU. en América Latina y el Caribe, este año se le suman, la incorporación de 3000 nuevos marines en el Perú, la incorporación de una nueva unidad de la Fuerza de Tareas de Propósito Especial Aire-Tierra de Marines-Sur en la base Palmerola en Honduras y el incremento del personal militar en la base naval Fuerte Aguayo en Concón, Chile; en todos los casos, con referida excusa de asistir a tales países en la pelea contra el narcotráfico.

Al incremento de la presencia militar y de la inteligencia norteamericanas en la región, se agrega la participación de paramilitares y subcontratistas privados del Pentágono, paradójicamente financiados en gran medida, por el flujo de capitales provenientes de la comercialización de las drogas ilegales, que los observadores más conservadores estiman en más de trescientos mil millones de dólares anuales, fondos que en una porción importante, se “lavan” y reciclan en los circuitos financieros legales, previa triangulación en los paraísos fiscales.

En suma, la propuesta del candidato Massa hace seguidismo del discurso y de la estrategia regional yanqui en la región, cuyas elites perciben como una amenaza a la presencia China en la zona, y cuyas verdaderas finalidades pasan por el disciplinamiento político de los pueblos latinoamericanos, el control y saqueo de sus recursos naturales y la apropiación de sus mercados de consumo.