En Defensa del Trabajo Argentino

En Defensa del Trabajo Argentino

El 6 de enero de 2002, en medio de la más grave crisis económica que atravesara nuestro país en los últimos cien años, se sancionó la ley 25.561 que suspendió los despidos sin causa, penalizando la ruptura laboral, con la duplicación de la indemnización por antigüedad, por un plazo de 180 días; luego la ley 25.479, prorrogó dicha normativa, hasta que la Encuesta Permanente de Hogares, informara una tasa de desocupación inferior al 10%, condición que se dio por cumplida el 10 de septiembre de 2007, mediante decreto 1224/07, cuando la EPH informó que la tasa de desocupación, había bajado de un máximo del 24% de la población económicamente activa, verificado en el primer trimestre de 2002, al 9,8% para el primer trimestre de 2007.

Durante la vigencia de esa agravante indemnizatoria, tendiente a obstaculizar el despido, especialmente de los trabajadores con mucha antigüedad, lejos de producirse el “desaliento a las inversiones y a la creación de empleo”, que profetiza la restauración neoliberal, respecto del proyecto de ley de protección del trabajo, que hoy se discute, se promovió la mayor tasa de creación de empleo privado de toda la historia económica de la República Argentina.

Entre mayo de 2003 y mayo de 2007 se crearon más de tres millones de puestos de trabajo, en su mayor proporción empleo privado, registrado y estable, circunstancia que permitió bajar la desocupación que ascendía al 20,4% cuando asumió Néstor Kirchner el Gobierno, al mencionado 9,8% en solo cuatro años.

Dicha realidad destroza el relato neoliberal con el que se intenta impugnar a la legislación protectora del empleo que la oposición procura sancionar.

Tanto la legislación vigente en aquel período, como la que se busca aprobar en la actualidad, no se aplica a los nuevos puestos de trabajo a crearse, de modo tal que jamás puede afectar o inhibir la contratación de nuevos trabajadores, como lo sostienen el gobierno y la dirigencia patronal.

Es tramposa la argumentación según la cual, la ex Presidenta Cristina Fernández, se había opuesto a iniciativas similares en 2009 y 2014, adviértase que se trataba de épocas en las que no había destrucción neta de puestos de trabajo, ni públicos, ni privados, como los que en cantidad significativa, se están produciendo en la actualidad, y se trataba de un gobierno que protegía al mercado interno, a la producción nacional y al empleo público y privado, y, si bien es cierto en aquella época, que se ralentizó el proceso de creación de nuevos puestos de trabajo, es falso el sonsonete, que repiten hasta el hartazgo los personeros del gobierno, según el cual, “el país hace cuatro años que no crece, ni crea empleo”.

La verdadera razón por la que al gobierno, y a los grupos económicos concentrados, les eriza la piel el proyecto de ley de protección del trabajo, es porque a su programa económico solo le cierran los números con salarios bajos y desocupación de dos dígitos.

Lejos del pregonado discurso de creación de “empleo de calidad”, el modelo económico que se está llevando a la práctica, conduce inexorablemente al incremento de la desocupación y la subocupación, a la brutal reducción del salario real y al empeoramiento de las condiciones de laborales, de los trabajadores que tengan el “privilegio” de conservar sus empleos.

Si las PyMES ven agravar día a día su situación económica, no es con motivo de un incremento en las indemnizaciones por despido, sino por el aumento brutal y simultáneo del costo de los insumos energéticos (electricidad, gas, agua, combustibles, etc.), del costo de los insumos difundidos (cuya producción y venta se encuentra monopolizada por los grandes grupos económicos, formadores de precios), de sus costos de logística, y del elevadísimo costo financiero que impone el BCRA, con su política monetaria recesiva, todo ello combinado con una sustancial caída del consumo y con una apertura importadora que se visualiza cada día más indiscriminada y desleal, como las que ya ha conocido nuestro castigado país, en etapas anteriores, de vigencia del modelo neoliberal.

De mantenerse esta política económica dentro de pocos meses veremos nuevamente, cerrar las persianas de las fábricas reabiertas o creadas durante la década ganada.

La falacia según la cual, una ley del Congreso podría afectar la “seguridad jurídica”, se sustenta en una visión parcial y elitista de ese concepto, ya que ninguna “seguridad jurídica” se le garantiza al trabajador que se queda de la noche a la mañana, sin trabajo y sin medios para alimentar a su familia.

En esencia lo que se discute, es si defendemos un modelo de industrialización, de defensa del mercado interno, de inclusión social y resguardo del trabajo nacional; en suma, un proyecto de independencia económica y justicia social; o si nos resignamos pasivamente a someternos, a un modelo, que se intenta instaurar con apuro y prepotencia, sostenido en una economía pastoril y semicolonial, donde la especulación financiera se apropia de la tajada más importante de la renta, y el trabajo se convierte en un apéndice marginal, vinculado preponderantemente al sector servicios de la economía.

Se discute si el trabajo constituye un elemento esencial de dignificación del trabajador y de realización de la persona, o pasa a ser una mercancía más, que se oferta y demanda, según las “leyes del mercado”.

Bajo las circunstancias apuntadas, bregamos por la sanción inmediata del proyecto de ley de emergencia ocupacional, rechazamos por unilateral, inconducente y meramente declamatorio al “compromiso” suscripto por las principales corporaciones a instancias del gobierno, repudiamos la calificación de “arbitrario” que le endilgó el Presidente al referido proyecto, apoyamos la iniciativa de las centrales obreras de convocar a un paro general en la hipótesis de no sanción del proyecto o de su veto presidencial, y exhortamos a las organizaciones sociales, sindicatos y al pueblo en general, a la resistencia pacífica, unida y organizada, contra el modelo antinacional que se intenta imponer.

FRENTE TECNICO Y PROFESIONAL DE PERONISMO MILITANTE.