Voto electrónico, un retroceso democrático

No todos los argentinos, diría que pocos, están informados hoy de la discusión en comisiones de la Cámara de Diputados de la Nación sobre el denominado voto electrónico o boleta electrónica. Las principales voces que alientan este cambio en la forma de emitir, contabilizar, fiscalizar y controlar el acto electoral, afirman como ventajas la velocidad en el recuento y emisión, la transparencia que este sistema apareja, el fin del clientelismo y el bajo costo. Pero antes de analizar una a una estas supuestas ventajas debemos mirar las experiencias alrededor del mundo, y sobre todo, en países considerados como del primer mundo. En el viejo continente tanto Holanda, como Alemania han instrumentado este sistema. Todos lo hicieron de manera gradual y todos lo eliminaron y volvieron al sistema tradicional en papel, concluyendo que el voto electrónico es sumamente inseguro. En el caso de Alemania fue la Corte Suprema de Justicia la que en 2009 lo declaró inconstitucional aduciendo que no puede ser auditado y comprendido por un ciudadano común, independientemente de su formación técnica. Holanda en el año 2008 y luego de más de dos décadas de utilizarlo, decidió abandonarlo ya que comprobó la facilidad de violar el secreto del voto. Son muy pocos los países del mundo que utilizan este sistema hoy, entre ellos están Brasil, Venezuela y parte de EEUU en América. Bélgica y Estonia en Europa y Filipinas e India en Asia. De los 20 países más avanzados del mundo, sólo uno lo utiliza, EEUU. Finlandia, Irlanda y el Reino Unido también volvieron atrás luego de implementar este sistema. Respecto de la velocidad para contabilizar los votos, claras son las ventajas que un sistema de este tipo podría acarrear, reduciendo los tiempos que actualmente varían entre 3 y 4 horas, a apenas minutos. Salvo por supuesto, que exista alguna falla informática, caso en el cual nadie en la mesa de votación estará calificado para hacer nada al respecto, ya que los conocimientos informáticos que requiere este tipo de tecnología son elevadísimos. Como todos sabemos el voto en Argentina desde la Ley Sáenz Peña es universal, secreto y obligatorio. Se ha comprobado en Argentina y el exterior que el secreto puede violarse fácilmente con el voto electrónico. El sistema usado en Capital Federal y Salta utiliza una boleta electrónica con un chip con memoria para 12 votos y un código numérico. Varios expertos comprobaron de manera sencilla que, con un celular donde se haya descargado una aplicación gratuita, con solo pasar la boleta a unos centímetros del celular, éste muestra en pantalla a quien votó el ciudadano. También con el código, registrando los números de las boletas en relación con el padrón, fácilmente se sabría quién votó por quién. Esto de manera sencilla muestra las posibilidades y las facilidades para violar el secreto del voto, haciendo retroceder a nuestro sistema democrático, a las épocas del fraude patriótico. Retroceder hasta los tiempos pre-Ley Sáenz Peña, es una derrota para la democracia actual, y un riesgo que ningún partido político debe aceptar. Actualmente cada argentino, al ingresar al cuarto oscuro, solo con mirar a su alrededor y verificar que nadie lo está observando, sabe a ciencia cierta que su voto es secreto, que su derecho está garantizado. Con el nuevo sistema, no sólo es potencialmente vulnerable el secreto, sino que el ciudadano no tiene forma alguna de asegurarse que su identidad en relación al voto no será violada. Respecto de la transparencia del proceso, lo primero que debemos tener en cuenta es que en el proceso actual tenemos a las autoridades de mesa, a los fiscales partidarios y a las fuerzas de seguridad que controlan el proceso. Todos al momento del escrutinio observan a través de sus sentidos, y lo más importante, el único requisito necesario para esto, es saber leer, escribir y contar, cualidades que se encuentran en la gran mayoría de la población. Con el sistema electrónico, el recuento pasa a depender de una máquina, que básicamente es una computadora, con memoria, software, etc y los fiscales y autoridades de mesa son meros observadores impotentes. Nada saben de lo que allí dentro sucede, si el software es vulnerado, si el recuento es correcto, si el envío de los datos está bien hecho, nada saben ni sabrán, porque para saber eso, debería tener conocimientos informáticos avanzados, no solo en materia de programación, sino en seguridad informática. Por lo cual, los únicos que podrían auditar este proceso serán una elite de informáticos, en los cuales solo nos quedaría la posibilidad de creer con fe dogmática o resignación. Esto también es un retroceso democrático, ya que la ciudadanía perdería el control sobre la elección, y se la entregaría a un reducido grupo de expertos informáticos de una empresa privada. También es bueno resaltar, que sobran los casos de sospecha de fraude y resultados inciertos mediante el voto electrónico. Podemos mencionar el caso de las elecciones presidenciales en EEUU entre George W. Bush y Al Gore del año 2000, en donde fue la Corte Suprema de Justicia la que debió decidir quién sería presidente, debido a la imposibilidad de saber a ciencia cierta los resultados del estado de La Florida. Un caso similar sucedió en el estado de Ohio, donde la empresa proveedora de las máquinas, admitió errores de programación que hacía que se pierdan votos. Recientemente la señal de noticias norteamericana CNN presentó un informe en donde el analista en seguridad de Symantec Brian Varner, explicó y mostró como una persona podría votar hasta 400 veces en dos minutos. Este experto también se mostró a favor de volver al sistema de voto en papel para EEUU. Respecto del bajo costo, hace días en la Cámara de Diputados de la Nación, el diputado Juan Cabandié expuso los costos de la elección mediante voto electrónico en la provincia de Salta y realizó una proyección de los costos a todo el país. Siendo austeros a la hora de hacer números, el costo de la elección sería diez veces mayor al actual nacional. Por último, las posibilidades de que un puntero de cualquier partido político pueda estar en la puerta de votación de una escuela, solicitando a “sus votantes” que le muestren el celular (previamente instalada la aplicación de lectura de boleta electrónica en el dispositivo) con la finalidad de asegurarse a quién votó el ciudadano, para compensarlo, hecha por tierra el argumento del fin del clientelismo que aparejaría el voto electrónico.

Concluyo expresando que los riesgos que implica este sistema son infinitamente mayores a sus virtudes, que esta problemática en particular no depende de ideologías ni posturas políticas, sino simplemente de racionalidad y responsabilidad democrática de todos los sectores. En este caso la tecnología no implica mayor seguridad y transparencia, sino todo lo contrario. Entre celeridad y eficacia, debemos optar por eficacia, ya que como dice Beatriz Busaniche, lo importante al momento de elegir quién nos gobierna es “hacerlo bien, más que hacerlo rápido”. Los riesgos que entraña cambiar nuestro sistema electoral de un día para el otro, sin pruebas ni tiempo, por un sistema que los países del primer mundo están desechando, conlleva a un retroceso democrático sin precedentes. Las últimas elecciones presidenciales en nuestro país, definieron que el peronismo gobernante, debía dejar el poder, ya que la alianza Cambiemos lo aventajó por sólo un punto, ¿qué mayor muestra de transparencia y eficacia que ésta?
Joaquín Labarta Liprandi.